La lectura en mi recuerdo

El otro día estaba limpiando los libros de mi estantería (tengo la esperanza de que amarilleen menos si los limpio de manera periódica), y no pude evitar sentarme a mirar algunos de ellos. Intentaba, en ocasiones en vano, recordar de qué iban, y cómo terminaban. Las veces que me acordaba, intentaba también recordar en qué momento de mi vida lo leí, que sentí al terminarlo, y en qué me había cambiado la vida su lectura.

Debo confesar que puedo contar con los dedos de una mano los libros que me han marcado, o cambiado quizás mi forma de ver la vida. Existen algunos libros de los que no me acuerdo exactamente el argumento, y sin embargo sí de la moraleja o el mensaje escondido en él. Es curioso.

Otros libros, éstos ya más antiguos, me evocan a épocas pasadas, de niña, cuando leía un libro de princesas, gracias al cual me pasaba días soñando despierta imaginándome que era la princesa feliz y bella a la que todo el mundo adoraba. Cosas de niñas. Otros me recordaban a mi época de adolescente. Libros de amores imposibles, y romances inesperados y mágicos. Entonces también soñaba con ser la protagonista de una gran historia de amor en la que el guapo y apuesto chico se enamoraba de mí y con los que compartir mis besos secretos. En fin.

Mientras me encontraba absorta en mi tarea, cayó en mis manos uno muy especial. “El Príncipe de la Niebla”. Con ese libro me inicié en el mundo de la lectura propiamente dicho. No sé cuántas veces pude leérmelo. Cada vez que lo leía más y más me gustaba. Pero pronto encontré otros con los que alimentar mi inagotable imaginación, y éste quedó relegado a una esquina de mi pobre estantería de libros.

Así que el otro día, una vez lo limpié, en vez de volver a dejarlo en su sitio, lo abrí y me dispuse a leer algunos fragmentos. Supongo que por nostalgia, o por volver a sentir lo que sentí la primera vez que lo leí. Volver a sentirme una niña, y dejar a un lado todas las preocupaciones que son inherentes a la edad.

Menuda decepción. No solo no volví a sentirme una niña, sino que encima me quedé desconcertada intentando entender qué era lo que tanto me gustaba de aquella novela. Supongo que su acción, ligereza etc… Pero leyéndolo ahora, solo veo un libro facilón con unos protagonistas flipados, unos niños que se creen inmortales y… vamos, una flipada.

Me arrepiento de haberlo vuelto a intentar leer. Porque hubiese querido quedarme con lo que sentí al leerlo las primeras veces, no con lo que me ha hecho sentir al intentar releerlo. Se esfumó la magia.

Es increíble cómo cambiamos con la edad, y cómo cambia nuestra percepción de la realidad. Tan iguales y tan distintos a la vez…

Así que decepcionada y desilusionada volví a cerrar el libro y volví a meterlo en su lugar. No volví a coger ninguno más. Me limité a seguir limpiándolos con sumo cuidado, con exactitud científica más que sentimental, por miedo a sufrir una nueva desilusión y amargarme más el día.

Y vosotros… ¿Habéis vuelto a leer de adultos libros que os marcaron en la infancia? ¿Habéis vuelto a sentir lo mismo? ¿Os gusta releer ciertos libros?

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5 respuestas a La lectura en mi recuerdo

  1. Treneas dijo:

    Puede que esperases demasiado del libro, que lo que has querido encontrar en él ha sido un yo más joven, y eso, creo, es un error.

    La experiencia de olvidar lecturas no debería apenarte. Estamos mucho más preparados para trepar corriendo a un árbol cuando oímos un gruñido entre los matojos que para mantener tanta información durante tanto tiempo Y, pese a todo, pese a las tramas que se van y los personajes que se esfuman, pese a ese rincón oscuro que sientes cuando relees un párrafo que en otro tiempo se quedó enquistado en el cerebro varios días y ya no recuerdas, pese a todo eso, algo queda. Aunque no sea tangible, aunque no lo puedas expresar. Es ese proceso interno de sedimentación tras cada lectura lo que te hace crecer, lo que te aporta matices. Es eso lo que hace que ahora mimes tus libros con especial cariño y lo que te ha frustrado al intentar reconocerte en uno años después, además de los que has vivido, claro. Algo muy jodido, pero que no debería ser motivo de bajón; más al contrario, yo me preocuparía bastante si me llenase lo mismo ahora un libro que leyera con diez años. Y a lo mejor me sigue gustando, por qué no, pero nunca será por los mismos motivos.

    Ya comenté en la plataforma que el primer libro que leí fue “Guía de terópodos ilustrada” y, si existe, seguro que tiene el premio al libro más abrazado de la historia. A ratos lo veo por casa. Ya no recuerdo buena parte de los nombres de las especies ni de los rasgos de cada uno; si eran depredadores de tal o habitaban las zonas tal, y me encantaría. Sin embargo, cuando lo veo, sonrío.

    • Angus2 dijo:

      Amen.

      No cometas el error que he cometido yo. Quédate con lo que te hace sentir.

      • Treneas dijo:

        Ojo, que tampoco quiero dar a entender que las relecturas no merezcan la pena ni mucho menos. Es más bien aquello otro de buscarse en un libro leído años atrás.

  2. Neo54 dijo:

    Depende del tipo libro, vale la pena leerlo y que no te quede ese regusto amargo a haberlo idealizado. Creo que hay libros que “envejecen” mejor que otros, o mas que envejecer aguantan mejor que tu envejezcas. Jaja no se si me explico 😉

  3. Angus2 dijo:

    Sí, es así Neo. El otro día estuve leyendo un poco de Manolito Gafotas, y sigo partiéndome con algunos fragmentos. Pero otros libros no los entiendes pasados unos años. Prefiero quedarme con lo idealizado. =)

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